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COWBOYS EN LA PATAGONIA

FLORIÁN FERNANDEZ CALDERON
Oct 6
7 min read
Por Florian Fernández

Miembros de la pandilla “Wild Bunch”, con Sundance Kid en el extremo Izquierdo y Butch Cassidy en el extremo derecho.



Ya es muy tarde y las estrellas iluminan las caras de los qué quedan en pie. Está debe ser la octava o novena cerveza y, como es natural en estas circunstancias, surge una pregunta. Clásica pregunta de borrachos reunidos alrededor de un fogón, de esas qué hoy en día parecen un prompt descerebrado. Pero está es una pregunta qué compenetra a todos por igual:

¿Si pudieras viajar al pasado, qué preferirías ser? ¿Un pirata, un samurai o un vaquero?


Tres opciones qué ofrecen la posibilidad de vivir una fantasía nostálgica específica. Con el pirata uno visitará playas paradisíacas de aguas cálidas y transparentes en las qué abundan el ron y las mozas. Con el samurai se obtiene la experiencia de ser un guerrero errante regido por el código moral y ético del Bushido, yendo de pueblo en pueblo en busca de honor. Por último tenemos al vaquero o cowboy, representación del viajero solitario y nostálgico, habitante de un mundo que se está terminando frente a sus ojos.


Dentro de está hipotética discusión entre borrachos supongamos por la conveniencia del desarrollo de este texto que elegimos al vaquero, pero... ¿de quien estamos hablando específicamente? Hablamos del vaquero honrado plasmado en la cultura popular por John Wayne en los westerns clásicos de John Ford tanto como los forajidos de moralidad gris que plasman genios como Sergio Leone en los spaghetti westerns, la clásica figura de hombría retratada por las tabacaleras y sintetizada en personajes como el Marlboro Man.


Butch Cassidy y Sundance Kid: la fantasía del forajido

Podría decirse que el arquetipo de cowboy forajido sería perfeccionado en la película de 1969 “Butch Cassidy & The Sundance Kid”. En ella, los dos forajidos a los que hace referencia el título, interpretados por los mayores galanes de la historia del cine, Paul Newman y Robert Redford, atraviesan múltiples vicisitudes y tribulaciones, enfrentados a los agentes de la ley junto con sus propios conflictos internos hasta que deciden escapar hacia Bolivia.


Pero la película omite un momento particular de la vida de Butch y Sundance, su breve paso por la patagonia argentina.


Sus nombres reales eran George Parker, alias Butch Cassidy y Harry Longbaugh, alias Sundance Kid. Del segundo no se conoce mucho hasta que se reunió con el primero y junto a otros bandidos formaron la célebre “Wild Bunch” o “Pandilla Salvaje”. Entre sus asociados también se encontraban ladrones de nombres coloridos como Elzy Lay, Tall Texan, News Carver, C, Flat-Nose Curry y Kid Curry.


Estuvieron activos durante los últimos años del siglo XIX hasta los primeros años del XX. Con Butch como el artífice criminal, llevaban a cabo el robo de ganado y el robo de trenes principalmente. La banda criminal no necesariamente actuaba siempre en grupo, dando lugar a distintos robos en los que participaban solo algunos de los miembros. Las veces que si lo hacían en grupo adoptan la estrategia de huir cada uno en una dirección distinta para luego reunirse en un lugar acordado y así eludir a las autoridades.



Del lejano Oeste a la Patagonia


Pero aquel Estados Unidos de finales del siglo ya no era el mismo que el de la guerra civil y el salvaje oeste. La organización estatal era un hecho, y el progreso no puede ser detenido. Los encargados de perseguir a la pandilla serían los efectivos de la agencia de detectives Pinkerton, dicha agencia era subcontratada por el estado para ejercer funciones policiales, aunque ya para finales del siglo los Pinkerton habían orientado sus servicios hacia la infiltración y desarme de los sucesivos movimientos obreros estadounidenses de la época.


Luego de otro exitoso robo a un tren, la presión sobre la banda fue en aumento y tanto Butch como Sundance decidieron huir del país. Junto a ellos también viajó una mujer de la que no se conoce mucho pero que los Pinkerton buscaban como Etta Place, una amiga/amante de Sundance, una prostituta o una docente, dependiendo de la fuente. Juntos, los tres se embarcaron en febrero de 1901 hacia Buenos Aires, formando parte de aquellos grandes aluviones de inmigrantes que poblaron este país.


Recortes de los carteles de “se busca” de los forajidos.


Al arribar en Argentina, los buscados criminales adoptan las identidades de James Ryan, el hermano inventado de Etta Place (Butch) y Harry Place (Sundance). Pasaron unos días en Buenos Aires ordenando algunos asuntos, abrieron una cuenta en el banco de Londres y también tuvieron una reunión con George Newberry, vicecónsul de los Estados Unidos, quien probablemente les aconsejó sobre donde ir a establecerse.


En mayo de 1901, el trío viajó en tren hasta Neuquén y luego se trasladó al valle de Cholila, al noroeste de la provincia de Chubut, a orillas del Río Blanco. En este pintoresco paraje cordillerano adquirieron tierras y levantaron una cabaña. Es durante este periodo que los célebres bandoleros cuelgan las armas y se dedican a la vida rural, dedicándose a la cría de ganado vacuno y ovino.

La familia de tres también logró integrarse en el tejido social del diminuto pueblo de Cholila. En el territorio patagónico que aún se encontraba en disputa con Chile, estos hombres ya no eran ladrones y asesinos, sino que resultaron ser el modelo de inmigrante colono que el Estado nacional buscó atraer por tanto tiempo. Tan ideales vecinos resultaban que, en 1904, el gobernador Julio Lezana estaba recorriendo el territorio y eligió alojarse en el hogar de Cassidy, Kid y Place.


El pasado siempre vuelve

Pero el pasado de los hombres siempre termina volviendo hacia ellos, y desde 1903 la agencia Pinkerton redobló sus esfuerzos por encontrar a los fugitivos estadounidenses, despachando a uno de sus agentes, Frank Dimaio, el cual tuvo una reunión con el jefe de policía de Buenos Aires, Francisco de Beazley, en la que le compartió información sobre los fugados.

Las malas costumbres son difíciles de olvidar y el crimen es como la mentira, tiene patas cortas, tanto es así que Sundance y el Kid volvieron al ruedo, a ese oficio que conocían tan bien. Es difícil precisar el por qué de su vuelta al crimen, ¿la vida de ranchero requiere demasiado trabajo? ¿extrañaban la adrenalina? No nos es posible meternos en su cabeza, pero lo que sí podemos saber con certeza fue su siguiente jugada.


Hacia el año 1905 los dos yankis viajaron hasta ríos gallegos diciendo ser estancieros con la intención de adquirir terrenos para luego entablar una efímera amistad con un cajero del banco de Tarapacá. Bajo el pretexto de la amistad, los ladrones estudiaron el banco y en el día de los enamorados del mismo año llevaron a cabo lo que resultó ser el primer robo a gran escala de un banco en la República Argentina. Huyeron a caballo y volvieron al rancho de Cholila. Habiendo hecho saltar todas las alarmas era inevitable no alertar a los pinkerton, que en colaboración con los agentes de la ley local ya estaban buscándolos, al mismo tiempo que el gobernador de Chubut emite una orden de arresto. Ambos ladrones, reunidos con Etta Place, son supuestamente advertidos por un comisario amigo de origen galés que tales operativos para capturarlos ya estaban en marcha. Así, el trío viaja hasta Bariloche y huyeron hacia Chile. No obstante, a finales de 1905 volvieron brevemente al país para asaltar el Banco de la Nación en Villa Mercedes, en San Luis.

Luego de está seguidilla de robos, Etta Place desaparece de la historia, se cree que podría haber dejado la vida criminal para terminar volver a los Estados Unidos, residiendo en San Francisco.


Sundance Kid y Etta Place


El último viaje: Bolivia

Los próximos pasos de Butch y Sundance los terminaron llevando a Bolivia, en donde adquirieron empleos legítimos como guardias de las nóminas para una compañía minera. No parece probable que su intención fuera mantener este trabajo, ya que en 1908 dos ladrones yankis que se cree fueron nuestros queridos forajidos asaltaron y robaron unas mulas que transportaban la nómina de una minera. Pararon a descansar en el pueblo de San Vicente, en donde habrían sido identificadas las robadas. Se llevó a cabo un gran operativo en el que participaron soldados del ejército boliviano. Atrapados y sin salida, comenzó el tiroteo. La lucha duró casi todo el día, con heridos y muertos entre las filas bolivianas.


A partir de aquí hay muchas versiones. La versión oficial dice que fue durante un breve silencio que se escucharon dos disparos dentro de la casa en la que estaban atrincherados los forajidos, y que cuando los soldados registraron la casa encontraron los cuerpos de Butch y Sundance, los cuales se habrían suicidado para evitar el arresto. Otras versiones dicen que Sundance habría resultado fatalmente herido llevando a Butch rematarlo para ahorrarle el sufrimiento, y luego se habría disparado en la cabeza.


Otras versiones más conspiranoicas sostienen que ambos podrían haber llegado a sobrevivir, ya que no se encontró su ADN en las tumbas en las que supuestamente fueron enterrados. El lector elegirá qué versión prefiere creer.


Una fantasía contra el progreso

Así fue como la historia de estos hombres llegó a su fin. Dos reliquias del pasado luchando contra el inevitable progreso de la ley y el orden. Volviendo a la discusión de borrachos, ahora es más fácil apreciar por qué uno se vería atraído a elegir al cowboy forajido, estoico y solitario, cabalgando de banco en banco, asaltando trenes y visitando burdeles, con un revólver en su mano y el sol poniéndose a sus espaldas, escapando de las garras civilizadoras del Estado.


Es más bien una fantasía nostálgica, de esas que escuchas de la boca de un jubilado en una agencia hípica mientras te dice que “antes todo era mejor”, en resumen, la fantasía de un borracho que busca escapar de una fuerza inevitable, tan inevitable como luchar contra la gravedad.

 
 
 

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