EL GIRO POR MALVINAS: UNA NECESIDAD DE POLITICA Y DE CONTEXTO
Por Luca Palermo

Es la tarea de los políticos y de la política hacer parecer las acciones fortuitas como algo meticulosamente planeado. Eso fue lo que realizó Javier Milei cuando el pasado jueves emitió una cadena nacional anunciando sanciones a la exploración petrolera en las Islas Malvinas. Pero ese giro discursivo requiere de un análisis más amplio para comprender las circunstancias en que se enmarca esta llamativa decisión.
El giro de Trump
El lunes de esa misma semana, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ante una pregunta en el Salón Oval sobre la posición estadounidense respecto de las Islas Malvinas, respondió: "Siempre reviso todas las posiciones. Esa es apenas una entre muchas". Este tipo de declaraciones grandilocuentes no son nuevas en una figura como Donald Trump, pero sí representan un sismo en la relación bilateral entre Estados Unidos y Gran Bretaña, dos históricos aliados en lo político y militar. Pero ¿por qué Trump dijo eso?
El conflicto con Irán comenzó a fines del pasado febrero con unos inesperados bombardeos aéreos a diversos puntos estratégicos del país persa. El objetivo: terminar para siempre con el programa nuclear iraní y realizar un cambio de régimen, tal como el que se vio en Venezuela. Sin embargo, el conflicto no evolucionó como lo planeado por los estadounidenses y esta es actualmente una situación que tiene a maltraer al presidente norteamericano por los costos económicos, tanto a nivel micro como macroeconómico, de su país.
En una de las acciones que la milicia norteamericana buscó desarrollar, salta al detalle la petición expresa a Gran Bretaña para usar la base militar compartida que ambos poseen en Diego García, un archipiélago de 27 km² en medio del Océano Índico. La respuesta del entonces primer ministro británico, Keir Starmer, fue negativa, argumentando que la base de la isla solo podía ser utilizada con propósitos defensivos, enviándole un mensaje directo a su homólogo estadounidense.
Otra explicación, también relevante, debe rastrearse un poco más atrás en el tiempo, más precisamente al 5 de diciembre de 2025, cuando la Casa Blanca dio a conocer su nueva Estrategia de Seguridad Nacional, reflotando la Doctrina Monroe, llevada a cabo por el entonces presidente James Monroe y que se centraba en la consigna de “América para los americanos”.
Poco más de dos siglos después, Trump busca volver a aplicar esta doctrina para así poder mitigar la gran influencia que China detenta en el continente sudamericano, siendo el principal socio comercial de Brasil, Chile, Perú, Uruguay y Bolivia, entre otros. Ante esta situación, el gobierno de Estados Unidos busca recobrar el control económico que históricamente detentó sobre la región.
Estos dos hechos podrían servir de indicadores respecto de los motivos de los dichos de Trump. Queda entonces por explicar por qué Milei ejecutó este giro.
Milei y la Causa Malvinas
Tras la agónica victoria de Argentina ante Inglaterra por las semifinales del Mundial, los jugadores argentinos desplegaron la ya famosa bandera que rezaba “Las Malvinas son argentinas”. Esta acción generó un efecto rebote en la población argentina, que, por medio de una fiebre nacionalista, volvió esa bandera parte del mito nacional.
En ese momento, cuando al presidente le preguntaron al respecto de la bandera, contestó: “No está bueno mezclar el agua con el aceite. Es un deporte, es un juego”. Asimismo, se le recuerdan diversos comentarios al presidente en los que elogió a Margaret Thatcher, premier británica al momento de la guerra de Malvinas. Unas intervenciones que hacían quedar al presidente fuera de eje respecto del sentir popular de la Nación.
¿Qué hizo cambiar a Milei?
Como ya se ha mencionado, el gesto de los jugadores caló hondo en la sociedad argentina, generando un sentimiento nacionalista en el común de la población. Según una encuesta de CEOP Latam, el 84% de los encuestados respaldó el gesto de los jugadores y el 66,2% consideraba que a Milei le importaba poco o nada la cuestión de las Islas.
Y estos datos no actúan aislados. Tras el ya famoso escándalo Adorni, la conversación digital y la percepción de la gestión adquirieron una connotación negativa para un oficialismo que no podía recuperar el centro discursivo y que iba incrementando el descontento general de la población.
Luego de estallar la situación relacionada con el entonces jefe de Gabinete en el mes de marzo, el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) cayó 16,5 puntos porcentuales desde principio de año. Añadido a esto, de acuerdo con una encuesta de AtlasIntel, la misma firma que predijo la victoria de Milei tanto en las elecciones generales como en el balotaje, publicó esta misma semana una encuesta que indica que la imagen del presidente cayó del 39% al 35%.
Más allá de eso, estos números no son nada malos, ya que consolidan al oficialismo como la primera minoría nacional, y debemos recordar que las encuestas tienen el poder de darnos una representación de la realidad, pero no dejan de ser imperfectas.
Por otro lado, las prioridades de la población cambiaron. En un primer momento, cuando Milei llegó al poder, todas las encuestas reflejaban que la principal preocupación de la sociedad tenía un único motivo: la inflación.
Casi tres años después de haber empezado su mandato, la Casa Rosada logró resolver ese problema que tanto afectó a nuestro país por mucho tiempo, aunque con un costo social y económico altísimo. La estabilización inflacionaria modificó el mapa de preocupaciones de la sociedad. Cuando dejó de ocupar el centro, aparecen con mayor nitidez otros problemas: empleo, ingresos, pobreza y endeudamiento.
Es quizá por estos motivos que Milei activó la carta Malvinas, que, más allá de los grises que despierta, no deja de ser una decisión sensata ante el contexto nacional e internacional.
Las repercusiones internacionales
Por último, pero no por ello menos importante, debemos también analizar las repercusiones que la decisión de Milei generó en la sociedad.
A nivel internacional, el Reino Unido se mostró visiblemente molesto ante las intervenciones de ambos mandatarios y desde Downing Street se difundió que Trump mantuvo una llamada telefónica con el premier británico, aunque, según reportes, el tema Malvinas no fue discutido
Las declaraciones también hicieron eco en Israel, el principal aliado internacional de la administración Milei. El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, publicó en su cuenta de X una denuncia a la ocupación de Malvinas, aseverando que: “Es hora de que el Estado de Israel reconozca públicamente que las Islas Malvinas son territorio argentino ocupado...”
Aun así, estas cuestiones no actúan aisladas. El 21 de septiembre de 2025, el gobierno británico reconoció formalmente el Estado de Palestina. Añadido a esto, en los últimos días los británicos insinuaron aplicar sanciones comerciales a los colonos israelíes en Cisjordania.
Estos dos detalles dan un poco más de contexto a las motivaciones detrás del posicionamiento de Ben Gvir, pero no dejan de generar un conflicto al interior de Israel, ya que una de las principales firmas petroleras sancionadas por la decisión de Javier Milei es Navitas Petroleum, precisamente de origen israelí.
China y el atlántico sur
Otro actor que no puede quedar fuera del análisis es China. Beijing ha respaldado históricamente el reclamo argentino de soberanía sobre las Islas Malvinas y sostiene que la disputa debe resolverse mediante negociaciones pacíficas, en línea con las resoluciones de Naciones Unidas.
Para China, por lo tanto, cualquier modificación en el escenario del Atlántico Sur no constituye únicamente una cuestión bilateral entre Argentina y el Reino Unido, sino también un asunto vinculado al equilibrio de poder en una región cada vez más relevante para la competencia entre Beijing y Washington.
Este punto adquiere especial importancia por el creciente alineamiento de la Argentina con Estados Unidos. El Atlántico Sur, el acceso a la Antártida y el entorno estratégico del Estrecho de Magallanes convierten al extremo austral del continente en un espacio de interés geopolítico que excede ampliamente la cuestión Malvinas.
En ese marco, una Argentina más estrechamente vinculada a Washington podría modificar también los márgenes de cooperación que Beijing había construido en el país durante los últimos años.
La discusión sobre la Base Naval Integrada en Tierra del Fuego puede leerse dentro de ese escenario. El proyecto, impulsado originalmente durante la presidencia de Alberto Fernández, había sido asociado a una posible cooperación financiera china. El giro de la política exterior argentina hacia Estados Unidos introduce, sin embargo, una nueva incógnita sobre el futuro de esa cooperación.
¿Qué ganó Milei?
A nivel nacional, esta decisión permitió al Ejecutivo recuperar el eje de la discusión pública y dejó desconcertada a una oposición que ya de por sí se encuentra muy desorganizada.
Aun así, afirmar que la Cadena Nacional del presidente provocó un vuelco sustancial en su imagen sería falso. Según Management & Fit, el 61,1% de los encuestados considera que el giro discursivo responde a una conveniencia política y el 43,7% aseveró que su opinión respecto a Milei permanece inalterada.
El gobierno de Milei podrá sacar a relucir su accionar sobre la causa Malvinas y la efectividad de su doctrina de política internacional, cuando estableció que “Nuestros dos principales aliados son Estados Unidos e Israel”, que, de un modo u otro, apoyaron al presidente.
Los grises de la política
De todos modos, no hay que descartar que tanto las movidas de Trump como de Ben Gvir sean más bien extorsivas que una cuestión en la cual creen verdaderamente, pero en los grises es donde se realiza la política.
Por su parte, a nivel nacional, la actividad económica sigue parada y la mora aumenta. Cada vez falta menos para las elecciones y la campaña está más activa que nunca.






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