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UNA MIRADA AL MUNDO QUE INSPIRÓ A LA OBRA HOMÉRICA

FLORIÁN FERNANDEZ CALDERON
Aug 25
6 min read
Florián Fernandez

 


Este invierno (o verano para los amigos del hemisferio norte) aconteció el estreno de lo que para muchos es el blockbuster del año, la adaptación de una de las obras fundacionales de la cultura occidental de la mano de uno de los directores más laureados de nuestra época. Mucho se ha opinado tanto por personas de a pie como de académicos reputado sobre las precisiones e imprecisiones de la adaptación cinematográfica, siendo especialmente buena en mi opinión la crítica elaborada por la reputada traductora de los poemas homéricos, Emily Wilson, para el London Review Of Books[1]. Recomiendo la lectura del artículo de Wilson ya que en este escrito mi interés no es tanto la disección literaria de la obra homérica sino una exploración a lo que estaba sucediendo en el mundo occidental real durante el periodo que abarca el periplo de Odiseo y su posterior retorno a Ítaca.

 

Entonces, para empezar, resulta esencial satisfacer a lo qué en el círculo académico denominamos afectivamente como “el germen del historiador”, qué no es más qué establecer una cronología y periodización clara, es decir,  ubicarlo a usted, querido lector, en materia de tiempo y espacio, para resolverle la gran pregunta del cuándo y el dónde. El marco temporal abarca alrededor de unos 400 años. Desde finales del 1200 hasta los inicios del siglo IX a.c. y qué en cuestiones territoriales ocupa tanto el mundo mediterraneo como el  oriente próximo (obsérvese la figura 1).

En esta época, los principales actores de la región son los egipcios, con célebres líderes durante este periodo tales como el rey Tutankamón o Ramsés III, los Hititas, predecesores de los persas, y  finalmente los Micénicos como  los más destacados de los qué habitaban el actual territorio de Grecia.


fig 1

 

En este lapso de tiempo, el territorio visible en el mapa atravesó lo qué académicos catalogan como una “época oscura”, caracterización qué seguramente tendrán mentalmente asociada a la época de los caballeros y los fastuosos castillos europeos posteriores a la caída del imperio romano de occidente. A diferencia del medioevo, injustamente llamado oscuro por conveniencia de los letrados de la iluminación europea para justificar el paso de las redes feudales al orden capitalista, la edad oscura del 1200 a.c. tiene argumentos más fuertes para sostener su “oscuridad”. 

Para comenzar a pintar una imagen como era ese mundo, la época oscura está caracterizada por grandes movimientos migratorios, una despoblación masiva acompañada de una pobreza material generalizada, reflejada en la humildad de los ajuares funerarios y la interrupción de las relaciones e intercambios comerciales con el exterior, aunque cabe aclarar qué no es un periodo uniforme en su desarrollo. Según el arqueólogo inglés Anthony Snodgrass, en está época se da un sistema de vida itinerante basado en el pastoreo dada la idoneidad de los amplios terrenos disponibles luego de los procesos de despoblación.

 

Pongamos el foco por un momento en los movimientos migratorios masivos, idea qué parece haber captado la imaginación de Nolan con la teoría de “la gente del mar” (sea people). Seguramente el director y sus asesores (si es qué tuvo alguno) hayan encontrado material de valor dramático para el guión de su épica en esta ya poco apoyada idea originada en base a fuentes egipcias del reinado de Ramses III, en las cuales dice haber derrotado a estos “pueblos del mar”, de los cuales aún sabemos poco sobre su origen. Considerando teorías anticuadas, un enfoque más interesante podría haber sido el desarrollo de lo que se denomina como la “invasión de los Dorios”, pueblo al qué se le atribuye uno de los movimientos migratorios más importantes, por no caer en absolutos y definirlo como el más importante, (véase la fig 2 para un paneo de los principales movimientos migratorios).



 

 fig 2

 

Lo interesante aquí es que tanto a los pueblos del mar como los dorios han sido (en su momento) responsabilizados por el colapso de la edad de bronce y tomados como los heraldos del apocalipsis migratorios, llegando a peligrosas teorías; “Ha habido realmente una cierta fascinación moderna con los dorios. El modelo impuesto por el alemán Karl Ottfried Müller, que en 1823 oponía las virtudes nórdicas de los dorios (el orden, la disciplina, el ardor guerrero) a las características decadentes de los jonios influidos por Oriente, que alcanzó su mayor paroxismo con la ideología nazi que les imaginaba como los representantes puros de la raza aria, fue ásperamente contestado por el historiador francés Edouard Will,· que demos traba cómo el mito dorio era una creación moderna de los siglos XIX y XX vincula do a otras concepciones de origen racista.”[2] 

 

Sin embargo, el mayor problema con las teorías de la gente del mar o los dorios es que son simples, demasiado monocausales y son, francamente, la salida fácil; “La famosa «invasión doria» parece haber sido más bien una consecuencia más de la desaparición del mundo micénico que la causa que la provocó…” (Gomez Espelosin) . Son la salida fácil porque trivializan a la historia y la convierten en un proceso lineal, y no hay nada de lineal en los procesos históricos. Esa es la belleza de este campo de estudio, tener el diario del lunes y no buscar el resultado si no preguntarse cómo se llegó a ese resultado; de todos los caminos posibles, por que es que se eligió uno por sobre otro.

Entonces, si la explicación debe necesariamente ser pluricausal, ¿cuales son dichas causas? De acuerdo a Eric Cline, experto en el colapso de la edad de bronce, podríamos describir a las causas de dicho colapso como una “tormenta perfecta” de circunstancias desoladoras. 

 

En primer lugar encontramos a una crisis climatológica que supuso una sequía generalizada de alrededor de 300 años de duración que azotó fuertemente al sector mediterraneo, denotando una gran fragilidad y sensibilidad por parte del sector agrario de estas sociedades[3]. Siguiendo un proceso lógico, podríamos inferir que dicha crisis derivó en una hambruna de amplio alcance. Pero ya no es necesario inferirlo, ya que recientemente se han podido traducir tablillas de arcilla con escritura cuneiforme encontradas en el sitio arqueológico de Ugarit, en la actual Siria. Dichas tablillas dan testimonio explícito, entre otras cuestiones, de la hambruna sufrida en ese entonces: ”En la tierra de Ugarit hay una hambruna severa. Que mi señor la salve, y que el rey proporcione grano para salvar mi vida... y para salvar a los ciudadanos de la tierra de Ugarit”, escribió el rey de Ugarit, Ammurapi (c. 1215–1190 a. C.), al faraón egipcio Seti II, quien reinó aproximadamente entre los años 1200 y 1194 a. C.[4]. 

 

Un sector excavado de Ugarit muestra las calles, los callejones y las viviendas de esta antigua ciudad cosmopolita.

 

 

Teniendo en cuenta estos hechos, ahora si que se puede traer a colación el asunto de las migraciones masivas a causa de las sequías, especialmente por parte de aquellos que habitaban en la actual grecia, que servirán como una explicación para “la gente del mar”, tratándose probablemente de refugiados que sin ninguna duda agravaría el problema de la hambruna. Aun así, sería ingenuo pensar que todos los refugiados tendrian la mejor de las intenciones, pero ciertamente nos permite matizar la imagen de estos supuestos invasores y saqueadores venidos de tierras lejanas.

Como si todo lo anterior no fuera suficiente, la gota que rebalsó el vaso puede haber sido una sucesión de terremotos a lo largo del mundo mediterraneo, producto de su cercanía con la falla de Anatolia. Pruebas de estos terremotos pueden apreciarse en micenas y en la 6ta capa de Troya, en el montículo de Hisarlik. Es decir, tenemos una sequía de 300 años, seguido de una hambruna, más una crisis migratoria sin precedentes y, para coronar, terremotos en la región. Todo esto debe haber funcionado como un efecto dominó que fue agravando las crisis existentes a la vez que surgían otras nuevas. 

 

Este es el panorama al que se enfrentaban los habitantes de aquel mundo homérico de sirenas y cíclopes, de dioses y magia.

Si avivé la chispa de curiosidad del lector sobre esta época fascinante, no puedo dejar de recomendar que continúen con la lectura de la obra “1177 B.C.: The Year Civilization Collapsed" de Eric H. Cline y sus otros  libros  hermanos sobre el colapso de la edad de bronce .


[2] Gómez Espelosín, F. J. (2001). Historia de Grecia antigua. Ediciones Akal.

 

[3] Kaniewski D, Van Campo E, Guiot J, Le Burel S, Otto T, Baeteman C. Environmental roots of the late bronze age crisis. PLoS One. 2013 Aug 14;8(8):e71004. doi: 10.1371/journal.pone.0071004. PMID: 23967146; PMCID:

PMC3743901. 

 
 
 

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